Bodas celtas por el rito del Handsfasting

Si quieres que el día de tu boda sea realmente especial, inolvidable y lleno de magia, atrévete con una auténtica celebración del amor.

El matrimonio celta con la ceremonia del Handsfasting tiene un profundo significado. Es un ritual de unión en el  que según la antigua costumbre celta, las parejas unen sus manos con un lazo que simboliza la eternidad. Con este lazo, tradicionalmente son dos almas las que se unen para duplicar fuerzas y cualidades, para apoyarse y suplir carencias con aprendizaje y crecimiento mutuo.

Es un rito con una profunda conexión con la naturaleza, en la que todos los gestos revelan un profundo respeto por la vida y la Tierra. En la ceremonia, toda la simbología está destinada a solicitar para el enlace, la bendición de las fuerzas naturales, de los elementos y los ancestros para atraer la felicidad para la nueva pareja.

El Handsfasting es una celebración al aire libre del ciclo de la Vida, en el que dos personas deciden libremente unir sus almas con la naturaleza como testigo. Es una ceremonia en la que honrando al pasado, se mira la vida como un nuevo camino, que de manera hermosa se va a recorrer en pareja de forma consciente, recibiendo la fuerza, los regalos y bendiciones del Universo.

Todos los invitados, durante la celebración unen sus corazones sumergiéndose en un ritual mágico que es una exaltación de las fuerzas del amor.

¿Cómo es una boda por el rito celta?

El handsfasting no es tan solo un ritual en el que se unen dos personas. Su significado es mucho más profundo. Es una celebración de la vida en la que dos almas, tras buscarse se encuentran para convertirse finalmente en una sola. Es una alianza que convierte a los novios en perfectos compañeros de vida, guías y maestros el uno del otro desde el principio de igualdad. Dos almas se unen a través de las manos y quedan entrelazadas con el espíritu de la Tierra.

 

Es un bellísimo ritual oficiado por una o varias sacerdotisas, en el que el altar también tiene un papel muy significativo y cargado de simbolismos.

 

Tanto el altar como la sacerdotisa están situados dentro de un gran círculo hecho con flores, piedras blancas o ramas. Este círculo sin principio ni fin hace referencia a la eternidad, y es concebido como el templo sagrado de la unión. En su interior se disponen cuatro velas blancas orientadas al Norte, Sur, Este y Oeste, con una representación de cada uno de los 4 elementos.

Al Norte, la Tierra con frutas o piedras. Al Este el Aire con flores o sahumerios. Al Sur el Fuego con una hoguera, y al Oeste el Agua.

 

El altar debe estar orientado al Norte. Sobre él se coloca una vela dorada que simboliza el Sol (esencia masculina), una vela plateada que simboliza la Luna (esencia femenina), dos velas blancas (una representando a todos los asistentes y otra que es la vela nupcial), un cuenco con sal que representa la Tierra, un cuenco con agua, y la piedra nupcial que representa el fundamento del enlace.

 

Los invitados al llegar a la celebración con una piedra en la mano pronunciarán sus mejores deseos para la pareja en voz alta, y dejarán la piedra en una cesta que luego los novios se llevarán a su hogar.

La sacerdotisa inicia la ceremonia haciendo una declaración sobre el propósito de la celebración y solicita la intercesión y bendición de los elementales de los cuatro puntos cardinales. Invoca a la Tierra, al Aire, al Fuego y al Agua frente a los novios. En ese momento, de la mano de los padrinos, los novios entran en el gran círculo por el Este.

 

La sacerdotisa honrará entonces la memoria de los antepasados de los novios. La novia entrega un regalo simbólico a los padres, y después junto con el novio colocan en el altar una ofrenda que simboliza a la Tierra y la Naturaleza.

 

La sacerdotisa se dirige entonces a los novios preguntándoles si vienen libres, por amor y con los corazones limpios. Invoca de nuevo a los espíritus de los lagos y ríos para que el agua bendiga la unión de los corazones.

Es el momento de presentar los anillos como símbolos del ciclo vital, que son bendecidos y depositados en el altar por la sacerdotisa.

 

Entonces los novios unen sus manos. La mano izquierda del novio se ata con la mano izquierda de la novia y la mano derecha de ella, con la mano derecha de él. Sus manos forman así un ocho, símbolo del infinito, uniendo el Sol y la Luna mientras se miran a los ojos. En ese momento se prometen mutuamente estar unidos como marido y mujer, se dicen los votos y la sacerdotisa, a cada voto que pronuncian los novios hace un nuevo lazo con sus manos. Una vez finalizados los votos, la sacerdotisa les pregunta a los novios si juran traer luz, amor, felicidad y comprensión a la unión. Los novios responden y con sus manos unidas encienden la vela nupcial.

 

Se separan las manos de los novios, conservando las formas del infinito de los nudos para que los novios los guarden como recordatorio de los votos que se hicieron mutuamente. Se colocan los anillos, y ya casados, los novios cogen la piedra nupcial del altar y con sus manos sobre ella, la consagran como depositaria de todos los buenos augurios.

Los novios cogen la cesta con las piedras que los invitados cargaron con sus buenos deseos y la energía del feliz enlace y la depositan en el altar hasta el final de la celebración. Después se las llevarán a su hogar.

 

La esposa coloca una escoba en el suelo, y cogidos de la mano, los novios saltan sobre ella limpiando así lo viejo y dando paso a lo nuevo. Es el primer paso hacia la nueva vida juntos.

 

Para agradecer a la Naturaleza el recibimiento de la pareja, ambos deben tomar un trocito de pan y beber un sorbo de vino. Sobre el suelo, la novia también deposita un trozo de pan y el novio verte un chorro de vino.

 

Todos los presentes se unen entonces en un gran círculo, y cogidos de la mano se recita una plegaria para compartir todos los buenos sentimientos con el mundo que nos rodea.

Todo en esta ceremonia, tiene un profundo carácter simbólico. Las antorchas de fuego representan la voluntad, la pasión y la libertad. Las pinturas del rostro son un homenaje a los ancestros. El vino es la alegría de la vida, y el pan es el símbolo de la Tierra y su abundancia.

 

También las cintas de colores que se usan para los lazos nupciales simbolizan o encarnan diferentes deseos o aspiraciones para la nueva vida en común. Los novios pueden escogerlos todos o aquellos que consideren más representativos para su enlace. Los significados son los siguientes:

Blanco: pureza, verdad, paz espiritual, sinceridad.

Azul claro: tranquilidad, entendimiento, serenidad y paciencia.

Azul oscuro: fortaleza interior y longevidad.

Amarillo: armonía, encanto, equilibrio, confidencias y luz espiritual.

Verde: fertilidad, alimento, fortuna y salud.

Naranja: bondad, atracción, humildad y abundancia.

Rojo: pasión, valentía, fertilidad, voluntad, coraje, vigor y sexualidad.

Lila: poder, fortaleza, salud, sanación y progreso.

Rosa: amor, unidad, romance y felicidad.

Plateado: creatividad, inspiración y protección.

Gris: equilibrio, balance y neutralidad.

Marrón: salud, talento, habilidad, hogar y corazón.

Dorado: unidad, prosperidad, longevidad y coraje.

Negro: sabiduría, éxito, atrevimiento, amor puro y empoderamiento

Si estás de acuerdo en que ésta puede ser la manera más hermosa de casarte, ponte en contacto con nosotros y organizaremos para ti la ceremonia adaptada a tus necesidades.

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